
Los resultados de las elecciones del pasado viernes 29 han dejado un mensaje contundente para la dirigencia del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) en Santiago: el descontento crece, la paciencia se agota y la necesidad de transformación es innegable.
Con 123 votos a favor del joven periodista y gremialista Javier Taveras, frente a los 150 obtenidos por el candidato de sustitución del movimiento Dos Generaciones, dirigido por el cuestionado Perfecto Martínez, la diferencia de apenas 27 sufragios evidencia un fenómeno que ya no puede ocultarse: los periodistas están despertando.
Este estrecho margen desnuda el retroceso de un liderazgo que durante 14 años ha mantenido al CDP sumido en el abandono, en medio de artimañas tenebrosas, cuestionables y carentes de ética, como las relacionadas con el Club Recreativo y otros asuntos que han salido a la luz.
El hartazgo se siente, la brecha se cierra
Por años, los periodistas han visto cómo el Colegio, que debería ser un faro de dignidad y desarrollo profesional, se ha convertido en un espacio mal administrado, sin visión y sin rumbo. Mientras tanto, las instalaciones hablan por sí solas: baños sin agua, áreas sin energía eléctrica y una evidente falta de mantenimiento que refleja el abandono institucional.
La victoria moral de Javier Taveras, aunque no alcanzó la presidencia, es una señal inequívoca de que la membresía exige un CDP moderno, transparente y orientado al interés común, no a los caprichos de unos pocos que se han alternado el control para mantener privilegios personales.
Un llamado a la conciencia gremial
Es momento de preguntarnos: ¿seguiremos dejando el Colegio en manos de quienes han demostrado tan poco liderazgo que deben turnarse entre ellos para no soltar el poder?
La base colegiada tiene en sus manos la posibilidad de impedir que el CDP siga en decadencia. No se puede permitir que un gremio llamado a defender la ética y la transparencia sea administrado con las mismas prácticas que critica en otros sectores.
Visite las instalaciones. Vea los baños sin agua. Vea los pasillos a oscuras. Pregúntese si ese es el hogar digno que merece el periodismo santiaguero.
La brecha se estrecha y el miedo ya se siente. Es la señal de que el cambio no solo es necesario: es inevitable.
